Cuidado con el miedo, es el virus más contagioso

Decía Krisnamurti que el miedo es la incertidumbre en busca de seguridad. Estamos viviendo todos la pandemia del coronavirus y el confinamiento con mucha incertidumbre. A medida que pasan los días, semanas, meses vamos teniendo más datos que nos hacen comportarnos de forma más responsable. A nivel general, la población está dando un ejemplo de responsabilidad, ni que hablar de los niños, nuestros grandes olvidados y los que mejor están gestionando esta situación. Aún así, como siempre, algunas personas siguen saltándose las normas, el peligro está en sobregeneralizar, es decir, pensar que se está actúando peor de como se está haciendo por tener más en cuenta los casos aislados. La mayoría estamos siendo responsables, lo dicen los datos, la curva va bajando. También es cierto que a medida que avanzan los días para algunas personas el confinamiento se está haciendo más cuesta arriba, especialmente a algunos niños.

Si ves habitualmente las noticias y programas de televisión es fácil que estés padeciendo ansiedad, insomnio, cambios del estado de ánimo, pesadillas y/o miedo. Te animo a que cuides la información que consumes o puedes acabar desquiciándote. El contenido de los mismos fomenta el malestar emocional, es posible que no te des cuenta en el momento sin embargo a nivel inconsciente estás conectado a la red del miedo.

Los seres humanos actuamos de formas muy diversas. Es importante tener en cuenta que cada uno de nosotros hemos necesitado un tiempo para hacernos a la idea de la «nueva realidad», de hecho algunas personas casi un mes después todavía siguen negándola (los menos). Los procesos personales son sagrados y no se pueden forzar así que no te fuerces, escúchate y date cuenta de tus limitaciones, eres humano, permítetelo. El miedo se alimenta muy rápido y muy fácil, es muy contagioso, si lo notas en ti, no contagies a tu entorno. No seas un virus del miedo con patas. Protégete, protégelos.

¿Qué sí podemos hacer?

Lo que sí podemos hacer es dejar de ser seres pasivos, marionetas a la espera de que nos muevan las cuerdas para accionar. Podemos decidir, es más, pienso que «debemos» decidir a favor de nuestro bienestar emocional y el de nuestras familias y entorno. Tenemos una oportunidad buenísima para ello. Ya lo decía Galeano «mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas puede cambiar el mundo». Es momento de aprender, ¿el qué? lo que cada uno necesite. ¿Tú qué necesitas? piénsalo y busca la forma de aprenderlo. Si te decides por cuidar de tu salud mental saldrás de esta situación con más resiliencia.

¿Sientes ansiedad, miedo, ira, insomnio, estás irritable y/o tienes cambios en el estado de ánimo?

Es muy importante que entiendas que tu realidad no es la de tu vecino ni la de tu compañero de trabajo, ni la de tu amiga o tu primo. Cada uno estamos viviendo esta realidad colectiva desde nuestra propia realidad particular. Así que no te compares, si tu amiga se organiza el día y le da tiempo a hacer pilates, una tarta con minions hechos de fondant, a organizar su armario por colores, a hacer la comida de toda la semana, a leer un libro, tomarse un té y contarte todo esto por instagram y tú te levantas como puedes y vas del sofá a la cama pasando por la nevera no te preocupes, lo estás haciendo lo mejor que puedes. Ahora bien, depende de ti si quieres mejorar esta situación o seguir así hasta que esto termine…

Si vives en una casa interior de 50 metros cuadrados con varias personas o en una casa con jardín en una zona rural, si vives en una ciudad o en un pueblo, si estás solo o acompañado, si te llevas bien con las personas con las que vives o tus interacciones son un infierno, si tu salud es buena o padeces alguna patología, si convives con alguien que está enfermo o todos tus familiares se encuentran bien de salud, si tienes perro, si vas a trabajar o teletrabajas, si trabajas en un hospital o en una oficina, si tu situación económica se ha visto afectada o no, si has perdido a un familiar por/con coronavirus y no has podido despedirte… tu realidad es diferente a la de los demás.

Nadie te está pidiendo que puedas con todo tú solo, si quieres puedes buscar a un psicólogo que trabaje online, que esté colegiado y que te de la confianza para hacerlo. La psicología online se lleva practicando desde hace años y a día de hoy es la única alternativa posible conectándote vía videollamada o llamada telefónica. Puedes buscar en el colegio de psicología de tu comunidad y así sabrás que estás eligiendo a un profesional cualificado. El intrusismo en nuestra profesión es el pan nuestro de cada día. Piensa que si no te dejarías operar a corazón abierto por una persona que ha hecho un cursillo sobre cómo manejar un bisturí, no tiene sentido poner tu salud mental en manos de alguien que no es un psicólogo sanitario o clínico. Como decía Nietzsche «el camino del infierno está pavimentado de buenas intenciones».

En consulta los miedos o fobias son muy habituales, «existen tantos miedos como puedan inventarse«. Tenemos que diferenciar los miedos racionales de los irracionales. El miedo a contagiarnos del coronavirus es real, es importante que tomemos las medidas de protección indicadas para ello y ya está. Esa es la forma correcta de enfrentarse a ese miedo. Si por el contrario me enfrento pensando continuamente en la situación que vivimos, hablando del tema, limpiándome las manos con lejía, haciendo rituales de prevención, buscando información sin cesar, razonando, fijándome en el número de muertos y en las imágenes de hospitales entonces has entrado en un circulo de miedo y estarás sufriendo innecesariamente. Busca ayuda cuanto antes.

¿Qué te sugiero para dejar de contagiarte el miedo?

Las sugerencias a nivel general son las siguientes:

  • Demasiada información genera ansiedad, una vez al día en el medio que tú elijas suele ser suficiente
  • Intenta que tus conversaciones no giren en torno al mismo tema, esto también genera ansiedad y/o la mantiene
  • Date cuenta de que quedándote en casa estás salvando vidas, tú también eres un héroe-heroína 🙂 apláudete a las 20h
  • Puede ayudarte hacer una lista de actividades en casa, deporte, actividades creativas, leer, meditar, yoga, ver series o películas, ordenar  y deshacerte de cosas innecesarias…
  • Utiliza la tecnología a tu favor, conéctate con tus seres queridos para hablar de temas interesantes, divertidos, agradables, intenta que las conversaciones no sean monotemáticas o te generarán malestar
  • Si en casa convivís varias personas es importante respetar vuestros espacios individuales y buscar alguna actividad grupal para hacer, jugar a cartas, ver una película, cocinar algo juntos, ordenar fotos…
  • Si hay niños en casa, tener una rutina (no militar) y horarios es lo que más les ayuda a que estén en calma. Que los niños entiendan porqué estamos en casa confinados en función de su edad también es importante.

Si te ha gustado el post puedes compartirlo con quien quieras y si hay algún tema del que quieras que escriba no tienes más que decírmelo y lo tendré en cuenta. Muchas gracias por leerme y por cuidar de tu salud mental.

¿Quieres cambiar tu mundo?

Empieza por ti mismo

Las siguientes palabras están inscritas en la tumba de un obispo (1100 d.c.) en la cripta de la abadía de Westminster:

«Cuando yo era joven y libre y mi imaginación no conocía límites, soñaba con cambiar el mundo. A medida que me fui haciendo mayor y más prudente, descubrí que el mundo no cambiaría, de modo que acorté un poco la visión y decidí cambiar solamente mi país».

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Las 11 reglas para el ser humano

1. Recibirás un cuerpo

Puede ser que te guste o que lo odies, pero será tuyo durante todo el tiempo que pases aquí en la Tierra.

2.  Aprenderás lecciones

Estás apuntado a tiempo completo en una escuela informal que se llama Vida. Cada día que pases en ella tendrás oportunidad de aprender distintas lecciones. Puede ser que éstas te gusten, que no las entiendas o directamente te parezcan un fastidio. Sea como sea lo mejor que puedes hacer es aprender de todo ello.

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Empatía, ¿para qué?

¿Qué es la empatía?

La empatía se puede definir como la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de comprender su visión del mundo, sus opiniones, qué siente y por qué se siente así. Desde su perspectiva, con sus creencias y valores, no desde la nuestra. Comprender lo que piensa y siente aunque sea diferente a lo que nosotras pensamos o sentimos en una situación similar. Por tanto, para ser empático hay que ser capaz de salir de nuestros esquemas, creencias, valores, pensamientos, sentimientos…

¿Esto es posible? ¿Al 100%? La respuesta es rotundamente no. Para conseguirlo al 100% tendrías que percibir la vida exactamente igual que la otra persona (ver la vida con sus ojos), tener sus experiencias vitales, sus vivencias, y esto no es factible.

¿Entonces no puedo ser empático? Claro que sí, y además es un recurso que se puede aprender y entrenar.

Lo primero que tienes que preguntarte es… ¿realmente me interesa desarrollar la empatía? Depende de lo que quieras obtener en tu vida. Veámoslo.

Si empatizas con alguien, ¿qué puede pasar?

  • Es posible que entiendas más a la otra persona, que sepas por lo que está pasando. Serás más capaz de comprender su mundo, sus vivencias, su comportamiento. El qué y el cómo e incluso el por qué y para qué. Esto te ayudará a actuar en consecuencia.
  • Tendrás mejores relaciones personales, más sanas. No hay nada como sentirnos comprendidos para sentirnos bien en una relación.
  • Es más probable que te vaya mejor en la vida al ser más capaz de conservar a tus amigos, de caer mejor a la gente, de parecer más humano. Tus redes sociales serán más sólidas.
  • Mejora tu autoestima porque al comprender más y mejor a los demás obtienes refuerzos positivos del entorno y eso te hará sentir bien.
  • También es posible que te des cuenta de la importancia que tiene para ti tu salud mental y sea algo en lo que inviertes parte de tu tiempo.

Si optas por no empatizar

  • No entenderás nada y te confundirás al comunicarte con el otro. Aquí empieza la “fiesta” de las discusiones.
  • Es fácil que estés en conflicto continuamente con compañeros de trabajo, pareja, familia, amigos, etc… y no te entiendas con ellos. Pensarás que es el otro el que tiene que cambiar. Verás todo lo que el otro «hace mal» y no te responsabilizaras de tu parte, ¿mi parte? si yo no hago nada…
  • Acabarás pareciendo un «bicho raro» que no entiende a nadie más que a los de su “especie”. Probablemente te aislarás. La incapacidad de empatizar genera problemas importantes en las relaciones personales. Si no soy capaz de «salir de mi» y ver la realidad del otro lo voy a tener difícil…
  • El problema es que puedes instalarte en la posición de víctima, de “todo me pasa a mí”, “pobre de mí”, “tengo mala suerte con la gente”, etc.

Nosotros, los psicólogos y psicólogas necesitamos ser empáticos para poder ayudar a otros a ayudarse. Personalmente diría que es un requisito básico. Y tú que no eres psicólogo, ¿para qué quieres ser empático? Como hemos visto más arriba, son todo beneficios. ¿O acaso prefieres seguir teniendo conflictos con las personas con las que te relacionas?

Partimos de la base de que no puedes ser empático al 100%. Sin embargo, si quieres, te puedes aproximar a sentir el sufrimiento del otro, a empatizar con su sentimiento y desde ahí a tener una mayor comprensión de sus comportamientos y su mundo. Todo lo que te acerque a comprender más a tu semejante y al que consideras diferente te aportará un mayor enriquecimiento personal y mejorará tus relaciones. Conocerte a ti mismo/a te ayuda a conocer a los demás y viceversa.

¿Te interesa desarrollar tu empatía?

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