Cuando el duelo se pone en cuarentena

Testimonio de una mujer que ha perdido a su padre por coronavirus durante el confinamiento.

«No he podido despedirme de mi padre. Soy hija única y él era lo único que tenía en este mundo. Por circunstancias personales no pude formar una familia, mi familia eran mis padres. Mi madre falleció hace 5 años así que estábamos solos mi padre y yo. Empezó con algo de fiebre y a ahogarse así que se lo llevó una ambulancia. Esa fue la última vez que le vi. Saliendo de casa con su pijama de dibujos, ese pijama le encantaba… No supe nada hasta que me llamaron para contarme que mi padre había fallecido. Pasaron 3 días, los días más horribles y angustiosos que he pasado en mi vida. Aún no me lo creo… no haber podido estar con él, pensar que ha estado solo, que si ha estado consciente habrá estado preocupado por mi… nunca me imaginé un final así. Ves cosas en la televisión pero crees que eso a ti no te va a pasar, que les pasa a otros… No se cómo voy a superar esto, solo se que sola no voy a poder…»

 

Perder a un ser querido de una forma repentina y además sin poder despedirte deja un vacío difícil de sanar. En general, todas las muertes se viven como «injustas», las que son traumáticas y repentinas aún más. Nunca se está realmente preparado, la muerte trastoca nuestras emociones, nuestra percepción de la vida y hace que nada tenga sentido a nuestro alrededor. Es una de las experiencias más intensas y difíciles que podemos experimentar en la vida. La primera reacción suele ser un estado de shock, un aturdimiento y pérdida de ánimo que se alterna después con momentos de negación, dolor, rechazo y desesperación. Es una reacción de defensa de nuestro organismo que intenta atenuar el golpe.

La muerte, el final de la vida, aún sabido y previsto siempre es desgarrador y doloroso.

El duelo del latin con-dolium significa «corazón que duele», proceso de reacciones experimentado por quien vive la pérdida. El luto del latín luyere significa «llorar». Hablar de duelo y luto es hablar de dolor. Las personas hacemos cualquier cosa por evitarlo y huir de él, sin embargo para poder vivir la vida es indispensable adquirir la capacidad de afrontar y gestionar la muerte. El luto aunque se sienta como tal, no es una enfermedad. Es una herida que requiere tiempo para cicatrizar.

Es importante tener en cuenta que aunque los psicólogos podamos tratar y ayudar a elaborar el duelo de nuestros pacientes, no podemos hacer que el tiempo avance. Las personas necesitamos tiempo para elaborar el duelo y también apoyo de nuestros seres queridos.

El duelo es una cuestión muy compleja y se experimenta de muchas y variadas formas (W.Worden). No hay dos duelos iguales, de la misma forma que no hay dos personas iguales, distintas personas, distintas realidades y por tanto distintas formas de afrontamiento.

Los rituales habituales cuando sufrimos la pérdida de un ser querido ayudan en el proceso del duelo. Las diferencias regionales, religiosas y étnicas a la hora de despedirse del fallecido varían. Ver el cuerpo ayuda a darse cuenta de la realidad y la finalidad de la muerte. Si el ataúd permanece abierto o cerrado o si se celebra un velatorio depende de las preferencias de la familia. Normalmente hay una ventaja en el hecho de ver el cuerpo y los funerales ayudan a elaborar la primera etapa del duelo. Estas decisiones son muy personales y dependen de cada familia. Dar la oportunidad de expresar lo que se piensa y siente respecto al ser querido es importante. En ocasiones las ceremonias son una reflexión de la vida de la persona que nos ha dejado.

Elisabeth Kübler-Ross psiquiatra suiza-estadounidense y referente en su trabajo de investigación con enfermos terminales postuló las fases del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Según Worden, el duelo finaliza cuando se ha pasado por estas 4 etapas:

Aceptar la realidad de la pérdida

La aceptación intelectual al inicio suele ser costosa, se siente que no es verdad lo que ha sucedido. Se niega y no se acepta que la muerte es real. La aceptación emocional lleva mucho más tiempo. A veces se tiene la esperanza de reunirse con la persona fallecida, los recuerdos y la educación que hemos tenido negando la realidad de la muerte hacen que cueste hacerse a la idea.

Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida

Bowlby decía «antes o después, aquellos que evitan todo duelo consciente, sufren un colapso, habitualmente con alguna forma de depresión». Bloquear los sentimientos, detener el pensamiento, distraerse, es decir, evitar dejar que el duelo siga su curso es la mejor forma de que éste no se elabore bien. Pensar continuamente en recuerdos agradables para contrarrestar esos sentimientos de dolor tampoco es la mejor forma. La evitación y pensar en positivo son dos maneras de interferir en el proceso de duelo. Poder expresar de una forma adecuada lo que sentimos es la mejor forma de hacerlo.

Adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente

Enfrentarte a la casa vacía o a esos momentos compartidos que ya jamás volverán a repetirse puede resultar muy difícil y doloroso. Los roles que la persona fallecida desempeñaba desaparecen con ella lo que supone tener que adaptarse a otra realidad. En ocasiones, algunas personas pueden percibirse a sí mismas como incapaces, inadecuadas o inútiles en el intento de cumplir con las funciones del fallecido. Pasar ratos a solas puede ayudar, sin embargo el aislamiento social no hace más que dificultar el proceso de duelo. La muerte puede hacer que nos cuestionemos los valores de nuestra vida por lo que puede ser un momento de reflexión profunda.

Recolocar emocionalmente al fallecido y seguir viviendo

Es importante encontrar a nivel emocional un lugar adecuado en el que «colocar» a la persona querida fallecida permitiendo de esta forma seguir viviendo de una manera sana en el mundo. Nuestros seres queridos siempre permanecen vivos en nuestro recuerdo, están con nosotros porque la muerte no mata el amor. Los sentimientos que duran periodos de tiempo anormalmente largos  y con una intensidad excesiva pueden presagiar un duelo complicado.

«Se cura de un sufrimiento sólo a condición de experimentarlo plenamente» (M. Proust)

El dolor evitado se mantiene e incrementa con el tiempo. El proceso de elaboración necesita un espacio de expresión del dolor, meterse dentro y pasar a través de él.

Poema escocés para despedir a un ser querido

Puedes llorar porque se ha ido, o puedes sonreír porque ha vivido.

Puedes cerrar los ojos y rezar para que vuelva, o puedes abrirlos y ver todo lo que ha dejado; tu corazón puede estar vacío porque no lo puedes ver, o puede estar lleno del amor que compartiste.

Puedes llorar, cerrar tu mente, sentir el vacío y dar la espalda, o puedes hacer lo que a él le gustaría: Sonreír, abrir los ojos, amar y seguir

El viaje definitivo Juan Ramón Jiménez

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando.

Y se quedará mi huerto con su verde árbol, y con su pozo blanco.

Todas las tardes el cielo será azul y plácido, y tocarán, como esta tarde están tocando, las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron y el pueblo se hará nuevo cada año; y lejos del bullicio distinto, sordo, raro del domingo cerrado, del coche de las cinco, de las dietas del baño, en el rincón secreto de mi huerto florido y encalado, mi espíritu de hoy errará, nostálgico…

Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol verde, sin pozo blanco, sin cielo azul y plácido….

Y se quedarán los pájaros cantando

 

 

–Lina–

 

 

 

Pandemia Covid19 ¿estrés postraumático o resiliencia?

Testimonio de una enfermera del hospital de Cruces, Barakaldo. «Voy nerviosa a trabajar, estar tantas horas con el EPI (equipo de protección individual) me agobia, me entran sudores, calores, estar en ese estado de alarma continuo es insoportable, tocas cualquier cosa y no paras de limpiarte una y otra vez, llego del trabajo agotada y sin ganas de hablar con mi marido e hijos. Me siento infectada y cuando llego a casa tengo que quitarme la ropa en la entrada, la meto en una bolsa y me voy a la ducha. Incluso una hora después de haberme duchado y limpiado la ropa sigo sintiéndome así. No duermo o si lo consigo me despierto muchas veces, mi mente no descansa, me vienen imágenes de los pacientes, del hospital en blanco y negro, tengo pesadillas con situaciones en las que no podemos ayudar a los pacientes, en que mueren de repente sin explicación alguna, y yo me quedo allí sin poder respirar y me desmayo. No quiero ir a trabajar, yo no soy una heroína, sólo hago mi trabajo, antes siempre iba contenta y ahora tengo miedo y lo odio. Tenemos muy buena relación entre las compañeras pero ahora, cuando alguien escribe por el chat ya me entra ansiedad y no puedo respirar. Vivo con miedo y ansiedad todo el día. Se me ha metido dentro»

La palabra griega trauma significa herida. Según la RAE, el trauma es una lesión duradera producida por un agente mecánico, generalmente externo, un choque emocional que produce un daño duradero en el inconsciente y una emoción o impresión negativa, fuerte y duradera. Estas son sus tres acepciones. También se define como «ruptura del vínculo con el mundo».

Freud decía que «cada uno sabe que tiene que morir, pero nadie lo cree verdaderamente, el traumatismo llevaría a la mente la idea (o una imagen mental) de que esto puede suceder»

Muchas de las personas que han vivido una situación traumática viven ese momento como una fractura en su historia personal, como un antes y un después. Suelen decir «no somos ni volveremos a ser nunca los mismos». En la situación que vivimos actualmente (confinamiento por pandemia del coronavirus) es más que posible que una parte de la población vaya a sufrir estrés postraumático.Veamos esto que quiere decir…

Tanto los profesionales (sobre todo sanitarios pero no exclusivamente) que se han enfrentado y se enfrentan día tras día a situaciones terribles con infectados por la covid19 «nunca hemos visto algo así» como los seres queridos de personas que han fallecido y no han podido siquiera despedirse «aún no me lo creo» tienen bastantes posibilidades.

Algunos profesionales han estado «en pie de guerra», exactamente igual que  los soldados en la guerra o los trabajadores en una catástrofe natural. En 1963 M.Khan habló del «trauma acumulativo» describiéndolo como acontecimientos en apariencia no traumáticos que podían generar efectos patógenos por acción repetida y estresante. Los terremotos, accidentes, ataques terroristas son sucesos episódicos, sin embargo la amenaza del coronavirus permanece en el tiempo, se acumula. Por mucho que queramos, no tenemos forma de estar a salvo del todo.

¿Cuáles son los síntomas del trastorno por estrés postraumático?

«El TEPT (trastorno por estrés postraumático) puede aparecer después de la exposición continua a acontecimientos estresantes que comportan una gravedad objetiva extrema, con amenaza para la vida o la integridad física propia o de los demás»

 

El DMS-V (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) mantiene que los síntomas de intrusión del TEPT son los sueños y recuerdos angustiosos recurrentes (flashbacks) con malestar psicológico intenso al exponerse a factores internos o externos que se parecen al suceso traumático, reacciones fisiológicas intensas en los que el contenido está relacionado con el suceso traumático. Alteraciones cognitiva y del estado de ánimo que se ponen de manifiesto con incapacidad persistente de experimentar emociones positivas y/o de recordar un aspecto importante del suceso traumático, creencias negativas exageradas sobre uno mismo, los demás o el mundo «el mundo es muy peligroso», «estoy mal», «no puedo confiar en nadie», percepción distorsionada persistente que hace que la persona se acuse a sí misma o a los demás, estado emocional negativo persistente, sentimiento de desapego de los demás, disminución significativa del interés por actividades importantes. Alteración importante de la alerta y reactividad asociada: comportamiento irritable, arrebatos de ira (agresión verbal o física contra objetos o personas) y/o imprudente o autodestructivo, hipervigilancia, problemas de concentración, respuesta de sobresalto exagerada y/o alteraciones del sueño. La persona se esfuerza de forma voluntaria en evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones que del modo que sea le reconduzcan a la experiencia traumática.

Según la investigación empírico-experimental de G.Nardone et cols. las tres reacciones principales llevadas a cabo por las personas que sufren TETP son el intento de controlar los propios pensamientos y anular la experiencia traumática, la evitación de todas las situaciones asociadas al trauma y la solicitud de ayuda de apoyo y quejas.

Tratamiento Prevención del TEPT

Lo indicado en estos casos es intervenir cuanto antes para prevenir males mayores futuros. La terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma durante el primer mes tras el acontecimiento traumático en adultos que han estado expuestos es el tratamiento de elección. Es decir, terapia de procesamiento cognitivo, exposición narrativa o exposición prolongada. Desde la terapia breve estratégica la novela del trauma es la forma más eficiente y eficaz de tratarlo.

Es importante dejar claro que vivir experiencias traumáticas no es determinante para sufrir trastorno por estrés postraumático, de hecho muchas veces sucede todo lo contrario, aumenta la capacidad de resiliencia. Ésta es la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos (RAE).

¿Qué dicen las investigaciones al respecto? ¿Hay esperanza?

Las investigaciones sobre experiencias traumáticas indican que a nivel general, la población se sentirá mejor después de esta situación de pandemia de coronavirus. Se verán más capaces de relacionarse con otras personas, tendrán más sensación de pertenecer a la sociedad, se verán más capaces de expresar cariño y cuidar a otras personas. Es decir, la lectura y aprendizaje de esta experiencia será «enriquecedora». Además del tipo de situaciones a las que nos enfrentemos, también hay tener en cuenta la importancia de la gestión de las mismas. Se sabe que pensar de una forma más constructiva genera sensación de control sobre la situación y por tanto menor malestar psicológico.

Respondernos a ¿qué puedo hacer al respecto? ¿cómo puedo ayudar a mis familiares? ¿cómo puedo ver esta situación de una manera que me libere del sufrimiento? Centrarnos en las posibles soluciones y no tanto en el problema nos da sensación de crecimiento personal. Por el contrario hacerlo en los porqués, en el problema, en las razones que han llevado a que esto suceda predice síntomas de ansiedad. Quienes han vivido o están viviendo duelos complicados, experiencias traumáticas a nivel laboral, pérdidas de trabajo, etc tendrán más difícil salir victoriosos de esta situación. En la pandemia Covid19 del 2020 habrá crecimiento personal y también mucho sufrimiento…

 

 

 

 

 

 

Cuidado con el miedo, es el virus más contagioso

Decía Krisnamurti que el miedo es la incertidumbre en busca de seguridad. Estamos viviendo todos la pandemia del coronavirus y el confinamiento con mucha incertidumbre. A medida que pasan los días, semanas, meses vamos teniendo más datos que nos hacen comportarnos de forma más responsable. A nivel general, la población está dando un ejemplo de responsabilidad, ni que hablar de los niños, nuestros grandes olvidados y los que mejor están gestionando esta situación. Aún así, como siempre, algunas personas siguen saltándose las normas, el peligro está en sobregeneralizar, es decir, pensar que se está actúando peor de como se está haciendo por tener más en cuenta los casos aislados. La mayoría estamos siendo responsables, lo dicen los datos, la curva va bajando. También es cierto que a medida que avanzan los días para algunas personas el confinamiento se está haciendo más cuesta arriba, especialmente a algunos niños.

Si ves habitualmente las noticias y programas de televisión es fácil que estés padeciendo ansiedad, insomnio, cambios del estado de ánimo, pesadillas y/o miedo. Te animo a que cuides la información que consumes o puedes acabar desquiciándote. El contenido de los mismos fomenta el malestar emocional, es posible que no te des cuenta en el momento sin embargo a nivel inconsciente estás conectado a la red del miedo.

Los seres humanos actuamos de formas muy diversas. Es importante tener en cuenta que cada uno de nosotros hemos necesitado un tiempo para hacernos a la idea de la «nueva realidad», de hecho algunas personas casi un mes después todavía siguen negándola (los menos). Los procesos personales son sagrados y no se pueden forzar así que no te fuerces, escúchate y date cuenta de tus limitaciones, eres humano, permítetelo. El miedo se alimenta muy rápido y muy fácil, es muy contagioso, si lo notas en ti, no contagies a tu entorno. No seas un virus del miedo con patas. Protégete, protégelos.

¿Qué sí podemos hacer?

Lo que sí podemos hacer es dejar de ser seres pasivos, marionetas a la espera de que nos muevan las cuerdas para accionar. Podemos decidir, es más, pienso que «debemos» decidir a favor de nuestro bienestar emocional y el de nuestras familias y entorno. Tenemos una oportunidad buenísima para ello. Ya lo decía Galeano «mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas puede cambiar el mundo». Es momento de aprender, ¿el qué? lo que cada uno necesite. ¿Tú qué necesitas? piénsalo y busca la forma de aprenderlo. Si te decides por cuidar de tu salud mental saldrás de esta situación con más resiliencia.

¿Sientes ansiedad, miedo, ira, insomnio, estás irritable y/o tienes cambios en el estado de ánimo?

Es muy importante que entiendas que tu realidad no es la de tu vecino ni la de tu compañero de trabajo, ni la de tu amiga o tu primo. Cada uno estamos viviendo esta realidad colectiva desde nuestra propia realidad particular. Así que no te compares, si tu amiga se organiza el día y le da tiempo a hacer pilates, una tarta con minions hechos de fondant, a organizar su armario por colores, a hacer la comida de toda la semana, a leer un libro, tomarse un té y contarte todo esto por instagram y tú te levantas como puedes y vas del sofá a la cama pasando por la nevera no te preocupes, lo estás haciendo lo mejor que puedes. Ahora bien, depende de ti si quieres mejorar esta situación o seguir así hasta que esto termine…

Si vives en una casa interior de 50 metros cuadrados con varias personas o en una casa con jardín en una zona rural, si vives en una ciudad o en un pueblo, si estás solo o acompañado, si te llevas bien con las personas con las que vives o tus interacciones son un infierno, si tu salud es buena o padeces alguna patología, si convives con alguien que está enfermo o todos tus familiares se encuentran bien de salud, si tienes perro, si vas a trabajar o teletrabajas, si trabajas en un hospital o en una oficina, si tu situación económica se ha visto afectada o no, si has perdido a un familiar por/con coronavirus y no has podido despedirte… tu realidad es diferente a la de los demás.

Nadie te está pidiendo que puedas con todo tú solo, si quieres puedes buscar a un psicólogo que trabaje online, que esté colegiado y que te de la confianza para hacerlo. La psicología online se lleva practicando desde hace años y a día de hoy es la única alternativa posible conectándote vía videollamada o llamada telefónica. Puedes buscar en el colegio de psicología de tu comunidad y así sabrás que estás eligiendo a un profesional cualificado. El intrusismo en nuestra profesión es el pan nuestro de cada día. Piensa que si no te dejarías operar a corazón abierto por una persona que ha hecho un cursillo sobre cómo manejar un bisturí, no tiene sentido poner tu salud mental en manos de alguien que no es un psicólogo sanitario o clínico. Como decía Nietzsche «el camino del infierno está pavimentado de buenas intenciones».

En consulta los miedos o fobias son muy habituales, «existen tantos miedos como puedan inventarse«. Tenemos que diferenciar los miedos racionales de los irracionales. El miedo a contagiarnos del coronavirus es real, es importante que tomemos las medidas de protección indicadas para ello y ya está. Esa es la forma correcta de enfrentarse a ese miedo. Si por el contrario me enfrento pensando continuamente en la situación que vivimos, hablando del tema, limpiándome las manos con lejía, haciendo rituales de prevención, buscando información sin cesar, razonando, fijándome en el número de muertos y en las imágenes de hospitales entonces has entrado en un circulo de miedo y estarás sufriendo innecesariamente. Busca ayuda cuanto antes.

¿Qué te sugiero para dejar de contagiarte el miedo?

Las sugerencias a nivel general son las siguientes:

  • Demasiada información genera ansiedad, una vez al día en el medio que tú elijas suele ser suficiente
  • Intenta que tus conversaciones no giren en torno al mismo tema, esto también genera ansiedad y/o la mantiene
  • Date cuenta de que quedándote en casa estás salvando vidas, tú también eres un héroe-heroína 🙂 apláudete a las 20h
  • Puede ayudarte hacer una lista de actividades en casa, deporte, actividades creativas, leer, meditar, yoga, ver series o películas, ordenar  y deshacerte de cosas innecesarias…
  • Utiliza la tecnología a tu favor, conéctate con tus seres queridos para hablar de temas interesantes, divertidos, agradables, intenta que las conversaciones no sean monotemáticas o te generarán malestar
  • Si en casa convivís varias personas es importante respetar vuestros espacios individuales y buscar alguna actividad grupal para hacer, jugar a cartas, ver una película, cocinar algo juntos, ordenar fotos…
  • Si hay niños en casa, tener una rutina (no militar) y horarios es lo que más les ayuda a que estén en calma. Que los niños entiendan porqué estamos en casa confinados en función de su edad también es importante.

Si te ha gustado el post puedes compartirlo con quien quieras y si hay algún tema del que quieras que escriba no tienes más que decírmelo y lo tendré en cuenta. Muchas gracias por leerme y por cuidar de tu salud mental.

¿Quieres cambiar tu mundo?

Empieza por ti mismo

Las siguientes palabras están inscritas en la tumba de un obispo (1100 d.c.) en la cripta de la abadía de Westminster:

«Cuando yo era joven y libre y mi imaginación no conocía límites, soñaba con cambiar el mundo. A medida que me fui haciendo mayor y más prudente, descubrí que el mundo no cambiaría, de modo que acorté un poco la visión y decidí cambiar solamente mi país».

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Las 11 reglas para el ser humano

1. Recibirás un cuerpo

Puede ser que te guste o que lo odies, pero será tuyo durante todo el tiempo que pases aquí en la Tierra.

2.  Aprenderás lecciones

Estás apuntado a tiempo completo en una escuela informal que se llama Vida. Cada día que pases en ella tendrás oportunidad de aprender distintas lecciones. Puede ser que éstas te gusten, que no las entiendas o directamente te parezcan un fastidio. Sea como sea lo mejor que puedes hacer es aprender de todo ello.

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Fábulas Empatía

«El ratón y la ratonera «

Un ratón llegó a una casa mirando por un agujero de la pared y vio a un hombre entregando un paquete a una mujer. Rápidamente pensó: «¿qué tipo de comida podrá haber allí?
Y se imaginó un sabroso queso. Se le hacía la boca agua de pensar que sería de sus preferidos. Sin embargo, se quedó aterrorizado cuando descubrió que era una ratonera.

Entonces, rápidamente se fue al patio de la casa a advertir a todos: «¡hay una ratonera en la casa, una ratonera!»

La gallina que estaba buscando sus lombrices en la tierra, cacareó y le dijo:

«¡Discúlpeme, Sr. ratón: entiendo que sea un gran problema para usted, pero a mí no me perjudica en nada, ni me molesta! «
Y el ratón se entristeció.

El ratón siguió corriendo buscando ayuda, y llegó hasta el cordero y le dijo:

«¡hay una ratonera en la casa!» 
»¡ Discúlpeme, Sr. ratón, pero no veo nada que pueda hacer, pues yo como pasto. ¡Quédese tranquilo! !Usted está en mis oraciones!»

Entonces el ratón se fue hasta donde estaban las vacas y les dijo: ¿Qué nos dice, Sr. ratón? ¿Una ratonera? ¿estamos en peligro por casualidad nosotras? ¡Creo que no! Entonces el ratón se volvió a la casa, cabizbajo y abatido, para encarar solo la ratonera.

Aquella misma noche se escuchó un ruido como el de una ratonera agarrando su víctima. La mujer corrió a ver qué había en la ratonera. Pero, en la oscuridad, no vio que la trampa había agarrado la cola de una víbora venenosa y la víbora le mordió. El hombre le llevó corriendo al hospital. La mujer fue atendida, pero después volvió a casa con fiebre.

“Nada mejor que un buen caldo de gallina” pensó el hombre. Entonces tomó el cuchillo y fue a buscar al principal ingrediente: la gallina.

Como la enfermedad de la mujer continuaba, amigos y vecinos vinieron a verla. Para alimentarlos, hubo que matar al cordero. Pero la mujer no resistió, y acabó falleciendo. Muchas personas vinieron al funeral. El pobre hombre, muy triste y agradecido por la solidaridad, resolvió matar a las vacas para darles de comer a todos.

La próxima vez que escuches que alguien tiene un problema, y creas que a ti no te afecta, piénsalo dos veces. En todas las casas pueden necesitar una ratonera ¡y todos los integrantes corren peligro!

 

Adaptación del relato de Bertolt Brecht

Vinieron por los judíos y como yo era cristiano, no dije nada.

Vinieron por los sindicalistas y como yo no lo era, no dije nada.

Vinieron por los extranjeros y como yo era nacional, no dije nada.

Vinieron por los homosexuales y como yo era hetero, no dije nada.

Vinieron por los opositores y como yo no lo era, no dije nada.

Vinieron por las mujeres y como yo era hombre, no dije nada.

Al final, vinieron por mi y ya no quedaba nadie para hablar por mi.

 

¿Y bien? Da que pensar, ¿verdad?

Empatía, ¿para qué?

¿Qué es la empatía?

La empatía se puede definir como la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de comprender su visión del mundo, sus opiniones, qué siente y por qué se siente así. Desde su perspectiva, con sus creencias y valores, no desde la nuestra. Comprender lo que piensa y siente aunque sea diferente a lo que nosotras pensamos o sentimos en una situación similar. Por tanto, para ser empático hay que ser capaz de salir de nuestros esquemas, creencias, valores, pensamientos, sentimientos…

¿Esto es posible? ¿Al 100%? La respuesta es rotundamente no. Para conseguirlo al 100% tendrías que percibir la vida exactamente igual que la otra persona (ver la vida con sus ojos), tener sus experiencias vitales, sus vivencias, y esto no es factible.

¿Entonces no puedo ser empático? Claro que sí, y además es un recurso que se puede aprender y entrenar.

Lo primero que tienes que preguntarte es… ¿realmente me interesa desarrollar la empatía? Depende de lo que quieras obtener en tu vida. Veámoslo.

Si empatizas con alguien, ¿qué puede pasar?

  • Es posible que entiendas más a la otra persona, que sepas por lo que está pasando. Serás más capaz de comprender su mundo, sus vivencias, su comportamiento. El qué y el cómo e incluso el por qué y para qué. Esto te ayudará a actuar en consecuencia.
  • Tendrás mejores relaciones personales, más sanas. No hay nada como sentirnos comprendidos para sentirnos bien en una relación.
  • Es más probable que te vaya mejor en la vida al ser más capaz de conservar a tus amigos, de caer mejor a la gente, de parecer más humano. Tus redes sociales serán más sólidas.
  • Mejora tu autoestima porque al comprender más y mejor a los demás obtienes refuerzos positivos del entorno y eso te hará sentir bien.
  • También es posible que te des cuenta de la importancia que tiene para ti tu salud mental y sea algo en lo que inviertes parte de tu tiempo.

Si optas por no empatizar

  • No entenderás nada y te confundirás al comunicarte con el otro. Aquí empieza la “fiesta” de las discusiones.
  • Es fácil que estés en conflicto continuamente con compañeros de trabajo, pareja, familia, amigos, etc… y no te entiendas con ellos. Pensarás que es el otro el que tiene que cambiar. Verás todo lo que el otro «hace mal» y no te responsabilizaras de tu parte, ¿mi parte? si yo no hago nada…
  • Acabarás pareciendo un «bicho raro» que no entiende a nadie más que a los de su “especie”. Probablemente te aislarás. La incapacidad de empatizar genera problemas importantes en las relaciones personales. Si no soy capaz de «salir de mi» y ver la realidad del otro lo voy a tener difícil…
  • El problema es que puedes instalarte en la posición de víctima, de “todo me pasa a mí”, “pobre de mí”, “tengo mala suerte con la gente”, etc.

Nosotros, los psicólogos y psicólogas necesitamos ser empáticos para poder ayudar a otros a ayudarse. Personalmente diría que es un requisito básico. Y tú que no eres psicólogo, ¿para qué quieres ser empático? Como hemos visto más arriba, son todo beneficios. ¿O acaso prefieres seguir teniendo conflictos con las personas con las que te relacionas?

Partimos de la base de que no puedes ser empático al 100%. Sin embargo, si quieres, te puedes aproximar a sentir el sufrimiento del otro, a empatizar con su sentimiento y desde ahí a tener una mayor comprensión de sus comportamientos y su mundo. Todo lo que te acerque a comprender más a tu semejante y al que consideras diferente te aportará un mayor enriquecimiento personal y mejorará tus relaciones. Conocerte a ti mismo/a te ayuda a conocer a los demás y viceversa.

¿Te interesa desarrollar tu empatía?

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Fábulas sobre la empatía. Haz click aquí.

¿Qué te pasa? Nada. (Silencio)

 

¿Te suena esta escena? ¿Qué te pasa? Nada. Silencio…………………………………………… De repente notas que pasa algo y preguntas. La respuesta no te convence. Ese nada esconde un mucho…

¿Te gustaría poder dejar de representar esta escenita? ¿Sueles reaccionar así a menudo? ¿Tu pareja, amiga, compañero de piso, familiar te contesta así y no sabes qué hacer?

Paul Watzlawick  en su libro teoría de la comunicación humana afirma que No se puede no comunicar. “Palabras o silencio influyen en los demás, quienes a su vez no pueden dejar de responder a tales comunicaciones y, por ende, comunican algo. Desde una perspectiva pragmática, toda conducta es comunicación (no solo el habla) y toda comunicación afecta a la conducta”.

Por tanto, ese nada, es un algo, incluso un todo.

 

¿Qué le sucede normalmente a la persona que dice NADA?

·      No sabe gestionar bien sus emociones. Probablemente sienta enfado, ira y utiliza el nada y el silencio como respuesta. Sufre al no saber gestionar su comunicación.

·      Espera que la otra persona adivine lo que le pasa (ya que a él o a ella le parece obvio). Suele estar “esperando que se disculpe por algo (que no sabe qué es, porque no se lo he dicho, porque debería saberlo)…

·      No es consciente de que el otro quizá no sepa qué es lo que sucede, de verdad, aunque para él resulte obvio.

·      Hay un intento de manipulación inconsciente esperando que el otro  “me quite el enfado”.

·      A veces el hastío, cansancio por repetir lo mismo una y otra vez le llevan a esta persona a acortar una posible explicación y decir “Nada”.

El silencio continuado acaba convirtiéndose en un maltrato. Un rato de silencio al estar enfadado puede ser necesario para no decir algo de lo que te puedas arrepentir, sin embargo el silencio durante días, semanas e incluso meses es muy dañino y resiente las relaciones. Qué decir, cuando estas escenas se repiten habitualmente y además hay hijos en la casa.

 

¿Cómo puedo gestionar mejor esta situación en vez de decir nada y callarme?

·      Expresando el malestar. De una forma calmada y constructiva. Si ves que la emoción aún te invade, retírate, toma aire y cuando estés más tranquilo comunícalo. No te quedes con ello dentro si realmente te parece importante. Podrías decir… “ahora mismo no puedo decírtelo porque estoy muy enfadado y no quiero decir nada que pueda herirte. Mejor me explico dentro de un rato cuando se me haya pasado”. Desde luego, el nada es más rápido pero muy ineficaz.

·      No des por hecho que el otro ya sabe lo que te pasa. No es adivino. Y, aunque se lo hayas repetido muchas veces es posible que no se acuerde, tenga muchas cosas en la cabeza, tenga mal día, no sepa lo importante que es para ti ese asunto, etc…

·      Revisa cómo comunicas el mensaje. Como dice Lupe del Río “ten en cuenta que el mensaje es el que interpretan, no el que dices”.  Es posible que el mensaje no esté llegando al receptor como tu esperas. A lo mejor es un tema importante para ti, y el otro no lo sabe. Aclara esto.

·      Es importante que te des cuenta de que tu enfado es tuyo, y que quien decide tenerlo o no eres tú. El otro puede hacer, decir, pensar lo que considere y tu tienes la capacidad, como ser humano responsable, de responsabilizarte de tus emociones. Otra cosa es que no te hayan educado emocionalmente y no sepas. La capacidad la tienes, pero quizá no desarrollada.

·      Cuanto antes hables de lo sucedido mejor. Teniendo en cuenta que lo harás estando tranquilo es mejor que no pase más de un día desde que ha habido el malentendido o discusión. Si no, es posible que se haga una bola mayor. Muchas relaciones se distancian o rompen por falta de comunicación y por dejar que pase el tiempo. El tiempo no lo cura todo. Aprende a relativizar.

·      Llega a acuerdos con la persona. Tanto si es tu pareja, como un familiar, amigo o compañera de trabajo. Asegúrate de que tenéis claro qué hacer cuando surja una discrepancia entre vosotros.

 

¿Qué puedo hacer si la otra persona me dice nada y se calla?

·      Pregunta qué es lo que sucede. Escucha y fíjate en su comunicación verbal y no verbal. Sabes que ese nada es un algo. Si la persona no tiene ganas de hablar, permite ese espacio y tiempo. Si lo tiene, intenta hablar sin hacer daño. Que la persona sepa que estás ahí y que no has hecho nada para hacer daño ni molestar. Exprésate y estate disponible.

·      Si esta situación se prolonga en el tiempo, cuestiónate si seguir o no teniendo relación con esa persona. Puedes compartir esta reflexión con ella para que sepa que su silencio te está dando un mensaje que te desanima a seguir con la relación.

·      Si es una persona importante para ti y esto os sucede a menudo, plantearos mejorar vuestra comunicación haciendo una terapia o yendo a algún curso de comunicación y oratoria.

 

Una buena comunicación es indispensable para tener y mantener buenas relaciones con otras personas. En ocasiones nos olvidamos de la importancia de comunicarnos de forma clara y sencilla y esto nos lleva a malos entendidos e incluso conflictos importantes. No siempre encontramos las palabras adecuadas para trasmitir lo que queremos sin embargo esto se puede aprender. A veces traducir a palabras nuestros sentimientos nos supone un gran desafío. Otras veces el momento no es el adecuado por diferentes circunstancias. Es decir, puede ser que el contexto no facilite la comunicación, o que la emoción nos invada de una forma que nos impida expresarnos de forma asertiva.

Tómate tu tiempo, mantén la calma, aprende a escuchar (no siempre es el otro el que pone la barrera para que no fluya la comunicación), exprésate de forma asertiva, llega a acuerdos con la persona sobre vuestra comunicación, ya verás como así tus relaciones serán más satisfactorias.

 

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¿Quién fue Wayne Dyer (1940-2015)?

 

Doctor en Psicología y psicoterapeuta norteamericano. Profesor en la Universidad de St. Johns de Nueva York.

Autor de  libros de autoayuda. “Tus zonas erróneas” vendió más de 35 millones de copias en todo el mundo. En mi opinión uno de los mejores libros de autoayuda que existen. También fue coautor de libros de texto. Colaborador en radio y televisión. Daba conferencias por todo el mundo llegando a convertirse en un maestro espiritual.

Conocido como “el padre de la motivación”. Editó un documental llamado El cambio.

Escritor de libros de autoayuda como:

  •  Evite ser utilizado
  •  El Cielo es el Límite
  •  Los regalos de Eykis
  •  Tus Zonas Erróneas
  •  Tus Zonas Mágicas
  •  La Felicidad de nuestros Hijos
  •  Tus Zonas Sagradas
  •  La Fuerza de Creer
  •  Promesa de amor
  •  Construye tu destino
  •  Camino de la Perfección
  •  La Sabiduría de Todos Los Tiempos
  •  Diez secretos para el éxito y la paz interior
  •  El Poder de la Intención
  •  En busca del equilibrio
  •  Inspiración: Tu llamado primordial
  •  Nuevos pensamientos para una vida mejor
  •  Piensa diferente, vive diferente
  •  El Cambio
  •  El Mejor de mis maestros
  •  En busca del equilibrio
  •  Vive la sabiduría del Tao
  •  Todo lo que puedas imaginar
  •  La fuerza del espíritu. Hay una solución espiritual para cada problema