¿Qué te pasa? Nada. (Silencio)

 

¿Te suena esta escena? ¿Qué te pasa? Nada. Silencio…………………………………………… De repente notas que pasa algo y preguntas. La respuesta no te convence. Ese nada esconde un mucho…

¿Te gustaría poder dejar de representar esta escenita? ¿Sueles reaccionar así a menudo? ¿Tu pareja, amiga, compañero de piso, familiar te contesta así y no sabes qué hacer?

Paul Watzlawick  en su libro teoría de la comunicación humana afirma que No se puede no comunicar. “Palabras o silencio influyen en los demás, quienes a su vez no pueden dejar de responder a tales comunicaciones y, por ende, comunican algo. Desde una perspectiva pragmática, toda conducta es comunicación (no solo el habla) y toda comunicación afecta a la conducta”.

Por tanto, ese nada, es un algo, incluso un todo.

 

¿Qué le sucede normalmente a la persona que dice NADA?

·      No sabe gestionar bien sus emociones. Probablemente sienta enfado, ira y utiliza el nada y el silencio como respuesta. Sufre al no saber gestionar su comunicación.

·      Espera que la otra persona adivine lo que le pasa (ya que a él o a ella le parece obvio). Suele estar “esperando que se disculpe por algo (que no sabe qué es, porque no se lo he dicho, porque debería saberlo)…

·      No es consciente de que el otro quizá no sepa qué es lo que sucede, de verdad, aunque para él resulte obvio.

·      Hay un intento de manipulación inconsciente esperando que el otro  “me quite el enfado”.

·      A veces el hastío, cansancio por repetir lo mismo una y otra vez le llevan a esta persona a acortar una posible explicación y decir “Nada”.

El silencio continuado acaba convirtiéndose en un maltrato. Un rato de silencio al estar enfadado puede ser necesario para no decir algo de lo que te puedas arrepentir, sin embargo el silencio durante días, semanas e incluso meses es muy dañino y resiente las relaciones. Qué decir, cuando estas escenas se repiten habitualmente y además hay hijos en la casa.

 

¿Cómo puedo gestionar mejor esta situación en vez de decir nada y callarme?

·      Expresando el malestar. De una forma calmada y constructiva. Si ves que la emoción aún te invade, retírate, toma aire y cuando estés más tranquilo comunícalo. No te quedes con ello dentro si realmente te parece importante. Podrías decir… “ahora mismo no puedo decírtelo porque estoy muy enfadado y no quiero decir nada que pueda herirte. Mejor me explico dentro de un rato cuando se me haya pasado”. Desde luego, el nada es más rápido pero muy ineficaz.

·      No des por hecho que el otro ya sabe lo que te pasa. No es adivino. Y, aunque se lo hayas repetido muchas veces es posible que no se acuerde, tenga muchas cosas en la cabeza, tenga mal día, no sepa lo importante que es para ti ese asunto, etc…

·      Revisa cómo comunicas el mensaje. Como dice Lupe del Río “ten en cuenta que el mensaje es el que interpretan, no el que dices”.  Es posible que el mensaje no esté llegando al receptor como tu esperas. A lo mejor es un tema importante para ti, y el otro no lo sabe. Aclara esto.

·      Es importante que te des cuenta de que tu enfado es tuyo, y que quien decide tenerlo o no eres tú. El otro puede hacer, decir, pensar lo que considere y tu tienes la capacidad, como ser humano responsable, de responsabilizarte de tus emociones. Otra cosa es que no te hayan educado emocionalmente y no sepas. La capacidad la tienes, pero quizá no desarrollada.

·      Cuanto antes hables de lo sucedido mejor. Teniendo en cuenta que lo harás estando tranquilo es mejor que no pase más de un día desde que ha habido el malentendido o discusión. Si no, es posible que se haga una bola mayor. Muchas relaciones se distancian o rompen por falta de comunicación y por dejar que pase el tiempo. El tiempo no lo cura todo. Aprende a relativizar.

·      Llega a acuerdos con la persona. Tanto si es tu pareja, como un familiar, amigo o compañera de trabajo. Asegúrate de que tenéis claro qué hacer cuando surja una discrepancia entre vosotros.

 

¿Qué puedo hacer si la otra persona me dice nada y se calla?

·      Pregunta qué es lo que sucede. Escucha y fíjate en su comunicación verbal y no verbal. Sabes que ese nada es un algo. Si la persona no tiene ganas de hablar, permite ese espacio y tiempo. Si lo tiene, intenta hablar sin hacer daño. Que la persona sepa que estás ahí y que no has hecho nada para hacer daño ni molestar. Exprésate y estate disponible.

·      Si esta situación se prolonga en el tiempo, cuestiónate si seguir o no teniendo relación con esa persona. Puedes compartir esta reflexión con ella para que sepa que su silencio te está dando un mensaje que te desanima a seguir con la relación.

·      Si es una persona importante para ti y esto os sucede a menudo, plantearos mejorar vuestra comunicación haciendo una terapia o yendo a algún curso de comunicación y oratoria.

 

Una buena comunicación es indispensable para tener y mantener buenas relaciones con otras personas. En ocasiones nos olvidamos de la importancia de comunicarnos de forma clara y sencilla y esto nos lleva a malos entendidos e incluso conflictos importantes. No siempre encontramos las palabras adecuadas para trasmitir lo que queremos sin embargo esto se puede aprender. A veces traducir a palabras nuestros sentimientos nos supone un gran desafío. Otras veces el momento no es el adecuado por diferentes circunstancias. Es decir, puede ser que el contexto no facilite la comunicación, o que la emoción nos invada de una forma que nos impida expresarnos de forma asertiva.

Tómate tu tiempo, mantén la calma, aprende a escuchar (no siempre es el otro el que pone la barrera para que no fluya la comunicación), exprésate de forma asertiva, llega a acuerdos con la persona sobre vuestra comunicación, ya verás como así tus relaciones serán más satisfactorias.

 

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