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Cuando el duelo se pone en cuarentena

Testimonio de una mujer que ha perdido a su padre por coronavirus durante el confinamiento.

«No he podido despedirme de mi padre. Soy hija única y él era lo único que tenía en este mundo. Por circunstancias personales no pude formar una familia, mi familia eran mis padres. Mi madre falleció hace 5 años así que estábamos solos mi padre y yo. Empezó con algo de fiebre y a ahogarse así que se lo llevó una ambulancia. Esa fue la última vez que le vi. Saliendo de casa con su pijama de dibujos, ese pijama le encantaba… No supe nada hasta que me llamaron para contarme que mi padre había fallecido. Pasaron 3 días, los días más horribles y angustiosos que he pasado en mi vida. Aún no me lo creo… no haber podido estar con él, pensar que ha estado solo, que si ha estado consciente habrá estado preocupado por mi… nunca me imaginé un final así. Ves cosas en la televisión pero crees que eso a ti no te va a pasar, que les pasa a otros… No se cómo voy a superar esto, solo se que sola no voy a poder…»

 

Perder a un ser querido de una forma repentina y además sin poder despedirte deja un vacío difícil de sanar. En general, todas las muertes se viven como «injustas», las que son traumáticas y repentinas aún más. Nunca se está realmente preparado, la muerte trastoca nuestras emociones, nuestra percepción de la vida y hace que nada tenga sentido a nuestro alrededor. Es una de las experiencias más intensas y difíciles que podemos experimentar en la vida. La primera reacción suele ser un estado de shock, un aturdimiento y pérdida de ánimo que se alterna después con momentos de negación, dolor, rechazo y desesperación. Es una reacción de defensa de nuestro organismo que intenta atenuar el golpe.

La muerte, el final de la vida, aún sabido y previsto siempre es desgarrador y doloroso.

El duelo del latin con-dolium significa «corazón que duele», proceso de reacciones experimentado por quien vive la pérdida. El luto del latín luyere significa «llorar». Hablar de duelo y luto es hablar de dolor. Las personas hacemos cualquier cosa por evitarlo y huir de él, sin embargo para poder vivir la vida es indispensable adquirir la capacidad de afrontar y gestionar la muerte. El luto aunque se sienta como tal, no es una enfermedad. Es una herida que requiere tiempo para cicatrizar.

Es importante tener en cuenta que aunque los psicólogos podamos tratar y ayudar a elaborar el duelo de nuestros pacientes, no podemos hacer que el tiempo avance. Las personas necesitamos tiempo para elaborar el duelo y también apoyo de nuestros seres queridos.

El duelo es una cuestión muy compleja y se experimenta de muchas y variadas formas (W.Worden). No hay dos duelos iguales, de la misma forma que no hay dos personas iguales, distintas personas, distintas realidades y por tanto distintas formas de afrontamiento.

Los rituales habituales cuando sufrimos la pérdida de un ser querido ayudan en el proceso del duelo. Las diferencias regionales, religiosas y étnicas a la hora de despedirse del fallecido varían. Ver el cuerpo ayuda a darse cuenta de la realidad y la finalidad de la muerte. Si el ataúd permanece abierto o cerrado o si se celebra un velatorio depende de las preferencias de la familia. Normalmente hay una ventaja en el hecho de ver el cuerpo y los funerales ayudan a elaborar la primera etapa del duelo. Estas decisiones son muy personales y dependen de cada familia. Dar la oportunidad de expresar lo que se piensa y siente respecto al ser querido es importante. En ocasiones las ceremonias son una reflexión de la vida de la persona que nos ha dejado.

Elisabeth Kübler-Ross psiquiatra suiza-estadounidense y referente en su trabajo de investigación con enfermos terminales postuló las fases del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Según Worden, el duelo finaliza cuando se ha pasado por estas 4 etapas:

Aceptar la realidad de la pérdida

La aceptación intelectual al inicio suele ser costosa, se siente que no es verdad lo que ha sucedido. Se niega y no se acepta que la muerte es real. La aceptación emocional lleva mucho más tiempo. A veces se tiene la esperanza de reunirse con la persona fallecida, los recuerdos y la educación que hemos tenido negando la realidad de la muerte hacen que cueste hacerse a la idea.

Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida

Bowlby decía «antes o después, aquellos que evitan todo duelo consciente, sufren un colapso, habitualmente con alguna forma de depresión». Bloquear los sentimientos, detener el pensamiento, distraerse, es decir, evitar dejar que el duelo siga su curso es la mejor forma de que éste no se elabore bien. Pensar continuamente en recuerdos agradables para contrarrestar esos sentimientos de dolor tampoco es la mejor forma. La evitación y pensar en positivo son dos maneras de interferir en el proceso de duelo. Poder expresar de una forma adecuada lo que sentimos es la mejor forma de hacerlo.

Adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente

Enfrentarte a la casa vacía o a esos momentos compartidos que ya jamás volverán a repetirse puede resultar muy difícil y doloroso. Los roles que la persona fallecida desempeñaba desaparecen con ella lo que supone tener que adaptarse a otra realidad. En ocasiones, algunas personas pueden percibirse a sí mismas como incapaces, inadecuadas o inútiles en el intento de cumplir con las funciones del fallecido. Pasar ratos a solas puede ayudar, sin embargo el aislamiento social no hace más que dificultar el proceso de duelo. La muerte puede hacer que nos cuestionemos los valores de nuestra vida por lo que puede ser un momento de reflexión profunda.

Recolocar emocionalmente al fallecido y seguir viviendo

Es importante encontrar a nivel emocional un lugar adecuado en el que «colocar» a la persona querida fallecida permitiendo de esta forma seguir viviendo de una manera sana en el mundo. Nuestros seres queridos siempre permanecen vivos en nuestro recuerdo, están con nosotros porque la muerte no mata el amor. Los sentimientos que duran periodos de tiempo anormalmente largos  y con una intensidad excesiva pueden presagiar un duelo complicado.

«Se cura de un sufrimiento sólo a condición de experimentarlo plenamente» (M. Proust)

El dolor evitado se mantiene e incrementa con el tiempo. El proceso de elaboración necesita un espacio de expresión del dolor, meterse dentro y pasar a través de él.

Poema escocés para despedir a un ser querido

Puedes llorar porque se ha ido, o puedes sonreír porque ha vivido.

Puedes cerrar los ojos y rezar para que vuelva, o puedes abrirlos y ver todo lo que ha dejado; tu corazón puede estar vacío porque no lo puedes ver, o puede estar lleno del amor que compartiste.

Puedes llorar, cerrar tu mente, sentir el vacío y dar la espalda, o puedes hacer lo que a él le gustaría: Sonreír, abrir los ojos, amar y seguir

El viaje definitivo Juan Ramón Jiménez

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando.

Y se quedará mi huerto con su verde árbol, y con su pozo blanco.

Todas las tardes el cielo será azul y plácido, y tocarán, como esta tarde están tocando, las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron y el pueblo se hará nuevo cada año; y lejos del bullicio distinto, sordo, raro del domingo cerrado, del coche de las cinco, de las dietas del baño, en el rincón secreto de mi huerto florido y encalado, mi espíritu de hoy errará, nostálgico…

Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol verde, sin pozo blanco, sin cielo azul y plácido….

Y se quedarán los pájaros cantando

 

 

–Lina–